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viernes, 10 de febrero de 2012

Capitulo uno


Capitulo uno: Cuidadora.
¿Qué parezco? ¿El mago de oz? ¿Necesitas un cerebro? ¿Necesitas un corazón? Adelante. Toma el mío. Toma todo lo que tengo. Que a mí nada me sirve.


“—Angélica yo… te quiero—exclamó el chico feliz.
Estaban en medio de un hermoso ocaso. Antonio la tenía tomada de la cintura, mientras le acariciaba la frente con los labios. En este lugar era el único que sentía seguridad, totalmente en paz.
—Es una pena… que tenga que dejarte.— con estas palabras la soltó abruptamente, dándose la media vuelta, dispuesto a marcharse. La joven corría detrás de su silueta, mientras la escena se disolvía frente a sus ojos.
El escenario cambiaba rotundamente. Era inútil intentar alcanzarlo, el joven desaparecía dejándola sola en medio de la oscuridad. Angélica se abrazaba a sí misma, intentando retener el calor en su cuerpo. Era inútil, se congelaba a cada instante.”

Y en ese momento desperté de la pesadilla.

—Mierda— dije quitándome las sabanas de la cabeza.

Era el jodido sueño de nuevo. Me atormentaba desde hace tanto tiempo. Miré el calendario. Era mitad de Enero… hoy día hubiésemos cumplido tres meses de relación.
¿Qué hacía yo aún contando los días? Tuve ganas de golpearme con la pared. No tengo idea de que hacer con tanto recuerdo inútil. Me puse la almohada sobre la cabeza, sin ganas de levantarme de la cama.

—¿Hija?— llamaron desde afuera de la puerta— ¿Estás bien?

—¿Hay razones para no estarlo?— devolví con sarcasmo.

—Gritabas dormida…

Mamá se quedó en silencio. Mordí el cojín intentando reprimir mi ira. Eso era, tenía un profundo rencor metido en mitad del pecho. Después me quité la almohada de la cara, para que mis ojos recayeran en mi cómoda donde descansaban los escasos recuerdos, que Antonio había dejado en mi vida. Volví a apretar los puños, decidida a levantarme de la cama. Ya sabía que hacer con todos esos cachivaches.

Tomé desayuno ante la mirada atenta de mis padres. Mamá me observaba por el rabillo del ojo, sin saber que decir. Decidí ignorar esos ojos repletos de preocupación, comí rápidamente. Después fui directo a la gaveta del baño, saqué una nueva bolsa de basura.

Fui directamente al escritorio, arrojé unos pocos peluches, un llavero de su serie favorita. Seguí revisando, rompiendo las pocas fotos, llenándome de un extraño placer de al menos, romperle la cara aunque fuese de esa manera.

Revisé como nunca, por todos los rincones, dispuesta a borrar, al menos de mi pieza todo lo que pudiese recordarme a Antonio. Y hojeando entre viejos cuadernos encontré un dibujo.

Me quedé de una pieza, mirándolo con detenimiento. Era un dibujo de mí, distraída como siempre, con los audífonos y un lápiz en mano. Tenía un semblante de felicidad y sosiego. Recordé tambien las palabras de Antonio al regalármelo:

"Es lo más cercano a ti. Realmente aunque lo intente con ganas, no hay nada que le haga justicia a tu rostro."


—Mentiroso.

¿Por qué tenías que ser tan dulce en mis recuerdos? ¿Acaso no me bastaba con no olvidar su rostro? Claro que no, tenía que recordar los momentos con él con monstruoso detalle. Para que olvidarle fuera algo más difícil de lo que ya era. Para que fuese una empresa de Titanes.

—Debería botar también esto— dije sosteniendo el papel en mis manos.

Mas no pude. Suspiré y lo guardé en el cajón, al menos lejos de mi vista.
Antonio... ¿porque no puedo hacer lo mismo con tu nombre?. Sencillamente dejarlo a un lado, encerrado en un cajón. En un lugar donde no me estorbes, para poder sonreírme otra vez, y que mi reflejo me devuelva mi gesto con sinceridad.
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Era hora de entrar en escena. Mis parientes del extranjero habían llegado, y tenía que mostrar buena cara... al menos en este almuerzo. En eso mi tía, Francisca Loo comentaba algo mientras gesticulaba con gracia.
En realidad no sé porque le digo "Tía". Se supone que es la hermana de mi abuela... entonces por consiguiente ¿Qué era ella mío? ¿Tía Abuela? ¿Se pueden ser ambas a la vez? ¿Qué hago pensando en estas tonterías?.

En eso estaba pensando, mientras comía sin ganas. Cuando mi tía irrumpió mis pensamientos con esta frase.

—¿Y bien Ange?— Ella me miró con devoción— Serías tan amable de vigilar a mi retoño por mí.

—¿Ah?... ¿de que están hablando?— comenté bastante perdida.

Mi madre fue quien finalmente respondió por mí.

—Por supuesto— sonrió— le hará bien un poco de aire marino. Será estupendo— finalizó.

No quise arruinar la sonrisa perfecta de mi mamá. Decidí tener paciencia e interrogarla cuando acabara el almuerzo. Apenas pusimos un pie en casa le pregunté:

—¿Y a que te refieres con ir “a tomar aire marino”?— Marcando con mis dedos la ultima frase.

—¡Irás por unas semanas al departamento de tu tía, para vigilar a Max! ¿No te parece estupendo?

Tuve la horrible sensación de que se rompía el suelo debajo de mis pies. Para quienes no lo sepan, ese sujeto es el hijo de mi tía. Y cuando alguien dice su nombre, de mi mente solo nacen horribles imágenes de la infancia. Por su culpa mamá no me compró la pista de autos que quería. Por su culpa desaparecían todos mis soldados, rompía mis pelotas. Claro yo también le rompí la cara millones de veces... pero supongo que ya entienden mi punto ¿verdad?

—¡Ni muerta! ¿Cómo se te ocurre? Ese idiota quemará ese departamento en menos de una hora. ¿Y tú quieres que tu hija esté en medio del desastre? Lo siento pero la respuesta es no.

—No seas tan melodramática— mamá le quitó el peso al asunto— ya están bastante grandes como para pelearse como críos.

—Si es tan grande ¡porque demonios no se cuida solo!— grité totalmente enojada.

—Vamos, tómalo como tu buena acción del año. Considérate ganadora del cielo por este favor.

—Antes de hacer eso, prefiero pudrirme en el infierno más próximo.

Pero ella se mantuvo firme. Soportó heroicamente todas mis amenazas. Grité, pataleé, vociferé terribles maldiciones en contra de la familia. Dije que aprendería budú y le pondría miles de alfileres sobre los ojos. He incluso que se olvidara de ser abuela, porque yo vendería mis óvulos por Internet si ella me obligaba a ir.

Por supuesto que nada funcionó
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A la mañana siguiente tenía que partir donde mi tía. Con unas enormes ojeras, intentaba poner atención las instrucciones de mi tía.

Ella me dijo que solo esperaba que vigilara a su hijo. Que comiera a sus horas, sin mujeres en casa, y que me dejaría las llaves donde guardaba toda clase de licor. Mencionó los horarios de una chica que iría a ordenar y a limpiar.

La más impresionante para mí, fue que dejó en mis inexpertas manos una tarjeta de crédito. Con expresas ordenes de usarla solo para la comida y cosas así. Dijo que se sentía aliviada de poder contar con alguien tan responsable como yo.

“También la más barata y a la mano que encontró” pensé totalmente aturdida por el sentimiento de libertad... pero claro, si pasaba algo toda la responsabilidad recaería en mí. Suspiré deseando con toda el alma que nada malo nos pasara en esas dos semanas.

Llegamos aproximadamente a las diez de la mañana. Era un condominio cerrado, con bastante seguridad. Tenía una piscina enorme, un gasto inútil porque estaban a segundos de la playa. Francamente detesto la playa, el calor y el verano. Así que pueden imaginar mi cara de felicidad al llegar a este lugar.

Subimos al piso quinto. Ella abrió la puerta y me encontré con un departamento con vista al mar, amueblado y hasta con cocina americana, completamente alfombrado. Consistía de tres habitaciones, cocina, living y baño. Más dos dormitorios. El mas pequeño sería para mí, señaló mi tía con una sonrisa. Yo no sé en cual idioma esta habitación se puede calificar como algo pequeño. Es prácticamente el doble de mi habitación.

—Te dejo para que te instales— ella se alejó y yo me quedé sola en el lugar.
No demoré mucho. Mas mi vista se perdió en el ventanal, por donde se podía observar un enorme océano.

—¿Estás bien?— mi tía me estaba observando desde el dintel— ¿Te hace falta algo?

Negué con la cabeza. La seguí hasta el living, donde el idiota me esperaba. Era un muchacho alto, de cabellos negros llenos de rizos, bastante parecidos a los míos. Con cara de tener aún la almohada pegada a la cara negó con la cabeza.
Finalmente mi tía se despidió de su hijo. Volvió a repetir las instrucciones y se marchó tranquilamente.

—Me voy a la cama— soltó Max con desgana.

—Está bien.— respondí sin interés.

—¿Qué te pasó a ti?— él me observó de pies a cabeza, como si no pudiese creer lo que sucedía.

—Nada— puse los brazos en jarra— ¿Por qué? ¿Acaso te importa?

—Es verdad— soltó ácidamente— supongo que vienes a hacer el almuerzo, ordenar y limpiar… ¿o no?

Me estaba provocando descaradamente. Seguramente esperaba que me diese un seudo ataque de rabia o algo así. Mas las cosas habían cambiado, yo no era una niñata indefensa ni mucho menos. Así que solo le mostré la tarjeta platino con superioridad.

—Creo que aquí está todo tu dinero. ¿Verdad?— él me la quitó de las manos, pero eso no me inmutó— ¿No creerás que te diré la clave verdad?— dije con tono triunfal.

Estaba mintiendo eso era claro. No había tenido tiempo como para hacer el cambio de claves. Pero Max cuando pequeño era sumamente crédulo. Recordé que cuando pequeños, en venganza por mis autos rotos, lo convencí de que Papa Noel no vendría a dejar sus regalos, por lo que tuvo un ataque de llanto que duró semanas.

—Eso… es mentira— el intentó poner cara de póker, pero no le resultó en lo mas mínimo. — mamá me hubiese dicho si…

Y yo rompí a reír cruelmente.

—No seas idiota. Ella me dejó a ti a tu cuidado ¿no lo recuerdas? Ahora se buen niño, y entrégame la tarjeta ahora.

Casi pude ver en su cara la rabia destilando por sus poros. Pero me la devolvió a regañadientes. Siempre nuestra relación fue así, era él quien se llevaba la culpa y yo salia triunfal de todas mis travesuras.

—No has cambiado en nada.— refunfuño molesto— ¿Quieres desayunar?

Me sobresalté.

—Era mentira que venías a limpiar. Es una manera de disculparme… además— dijo con tono nostálgico— mamá me dijo que te tratara como a una visita.

—Vaya… pues gracias. Tengo mucha hambre.

Así se iniciaron las vacaciones más extrañas de mi vida.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Prologo


Prologo: 
Un SOS emití pero no era para ti 

¿Cómo demonios terminé aquí?  

Estaba instalada sobre la mesa del lugar. Todo olía a demonios y era, supongo la razón de mi dolor de cabeza. La música estridente me mareaba atrozmente. 

Recorrí el lugar, buscando a las culpables. Mi prima Nicol nuevamente sonreía para conseguir alcohol gratis, era un truco que parecía funcionarle, ya estaba por la tercera botella. La otra, su hermana Daniela, enredaba su lengua con el nuevo amor de su vida, un sujeto de pantalones anchos y mirada lasciva. Para que hablar del resto, si realmente todos parecían robots bailando al son del ritmo. Uno de ellos posó su mirada en mí, fijándose en todo mi cuerpo. Horrible, francamente detestable. Rodé los ojos mirando hacia otra parte incomoda.

Mas el sujeto no parecía percatarse de que yo lo odié apenas me miró. Se acercó a mí, caminando torpemente, apenas consciente de sus movimientos. Luego me dirgio una sonrisa torcida. Y yo solo pensé "Antonio". Sacudí mi cabeza para despejarme de los recuerdos.


—¿Estás de luto hermosa?— comentó tendiéndome la mano. 


¿Y este se las da de sicologo? Aún así acepté con desgana su invitación a bailar, tan solo para sacarme el aburrimiento del cuerpo. Descorrí con desgana el mechón violeta de mi frente, y me dirigí hacia la pista de baile. 


Él como todo hombre, aprovechó al instante la oportunidad para tomar mi cintura. Fruncí el ceño de inmediato, molesta por tanta desfachatez.


—¿Por qué tan enojada?— el sujeto volvió a marearme con su aliento plagado de alcohol. Ante ese desagradable olor corrí la cara. 


—Nada importante— respondí aún aburrida. Mas no sé porque razón, el imbécil lo tomo como una invitación para aproximarme a su cuerpo. Que tonto, fue mucho más fácil darle un golpe gracias a ello. Un fuerte empujón casi lo deja sentado sobre la pista. No me importó, tan solo me di la vuelta. Pude escuchar los gritos del sujeto, sonreí con malicia.


Milagrosamente el vaso estaba intacto. Observé la mesa y sus alrededores, pero era un buen pretexto para botar esa bebida. Estaba por desecharla cuando sonó mi celular. Observé la pantalla, el nombre de mi tío resaltaba.


—¿ Dígame?— detestaba contestar con todo el ruido externo.


—¡Hola sobrina! Llamaba porque mis hijas no respondían sus celulares ¿Están bien?— preguntó fingiendo preocupación.


"Por supuesto que si, ambas están hundidas intentando olvidar que usted se está revolcando con su secretaria"


—Perfectamente— respondí con sarcasmo. Luego recordé que los hombres entienden a golpes, no sutilezas.—Yo las llevaré a casa.


—Es tan tranquilizante saber que estás con ellas, de verdad muchas gracias.


Claro dejarles la responsabilidad de sus hijas a quien sea. Eres realmente el padre del año, pensé mientras cortaba la llamada. Eran ya las tres de la mañana, algo tarde para conseguir locomoción decente. Decidí llevarme a mis primas aunque fuese con grúa.


Primero me dirigí donde estaba Nicol. Un montón de vasos la rodeaban, así que apuré el paso. Le toqué el hombro y ella respondió con una risotada con olor a cerveza.


— ¡Prima!— gritó eufórica— mira escúchame. — Me tomó de los hombros, intentando fijar la mirada— si yo puedo olvidar al idiota de mi progenitor, tú puedes olvidar a tu estúpido. Vamos bebe conmigo.


— Olvídalo, nos vamos a casa— la tomé fuertemente por la cintura.


Era la parte más fácil, lo complicado sería desenredar la lengua de Daniela, del chico que era todo su centro ahora. Ella nos miró con bastante desagrado para gritarnos:


—¡Yo no me iré ahora!— me miró intentando asustarme. No le resultó, yo tan solo señalé a su hermana, quien con suerte se podía sus propios pies.


—Yo tengo el dinero— repliqué furiosa— mueve tu trasero antes que los patee a ambos.


La cara del acompañante de mi prima fue épica, digna de cualquier obra dramática. Salió corriendo como alma que la lleva el diablo. Sonreí triunfal, mientras Daniela me fulminaba con la mirada. 


A pesar de su enfado, decidió seguirme de mala gana. Después su rostro cambió radicalmente, convenciéndose del deplorable estado de su hermana. Suspiré. 


—Iremos a mi casa. Mañana se largan temprano.


Ella se sorprendió ante mi muestra de generosidad. Supongo que no pensaba que su aburrida prima sería capaz de salvarla de la incomodidad que representaba llevar a su hermana ebria, la cual ahora cantaba una versión inventada del himno nacional.



—Yo no te entiendo… pensé que bueno, tú sabes. — comentó.


—No tienes que hacerlo tampoco.— apoyé el peso de Nicol sobre mi costado— tómala del otro lado, o nos caeremos. Y ahí si que no podré inventar una mentira, para encubrir el hecho de que terminamos en el hospital.



Tomamos un taxi, era realmente tarde. Me senté en el medio mirando con desconfianza al conductor, aunque él parecía mas preocupado de que Nicol no vomitara.


Ella mientras tanto tarareaba una canción de los tiempos de cuando éramos infantes. Cantaba distraída mientras observaba al mundo con gesto ausente. Cada cual tiene su manera de evadirse de la realidad, y ella estaba feliz de haberla encontrado.


—¿Desde cuando...?


—¿Qué bebe?— me irrumpió Daniela— desde que...— desvió la mirada con pena— él se fue con su amante. Papá nos ha dejado solas, como siempre.


Pronunció la palabra "papá" con el mismo desprecio que yo pensaba en Antonio. No quise preguntar, cada cual con sus propios problemas. Era obvio que salían para olvidarse de todos los problemas. Suspiré y me entretuve mirando por la ventana.


El taxi se detuvo frente a mi casa. Nicol salió temblorosa, con el semblante sumamente pálido. Era de contextura delgada, así pues el alcohol le afectaba más. Al ver mi cara de preocupación su hermana me dijo:


—Descuida no es la primera vez que toma tanto— la tomó de los hombros, logrando que se centrara en su rostro— Nicol vamos a la cama.


Aunque mi prima no parecía entender nada, aún así asintió estirando sus delgados brazos, intentando poner cara de sobria. Con la oscuridad era algo fácil de aparentar. Me sorprendía, al parecer era algo que solía hacer con bastante frecuencia.


Finalmente Daniela, a punta de esfuerzos, reclamos e insultos en voz baja, logró acostar a su hermana en mi cama. La cuidó hasta que se quedo profundamente dormida. Yo mientras buscaba unos cobertores, pensaba dormir en el sofá para que ellas ocuparan mi habitación. Antes de poder retirarme Daniela me atajó, preguntándome preocupada: 



—Espera… ¿A ti que te pasa?.


—Nada importante.


—No bailaste con nadie. Solo te quedaste sentada, mirando que hacíamos mi hermana y yo.— remarcó, molestándome profundamente. 


—¿Cuál es tu punto?


—Eres demasiado joven como para arruinar tu juventud por un tonto.


—Y tú eres una demasiado enana como para enredar tu lengua en cuanto chico se te cruce por delante— respondí enojada por su actitud de chica grande.


—Es el amor de mi vida.


—Mira quien habla de madurez ahora— me crucé de brazos.— cada cual supera sus problemas a su modo.


—Tu problema querida prima, es que tú no intentas siquiera eso.


Y tenía razón.


—Da por hecho que esta es la última vez que les hago un favor— finalicé la conversación con un portazo.


Mientras bajaba las escaleras, las lagrimas se derramaban por mi cara sin poderlo contener. Recordé con cruel ironía como lo rechacé... para luego de todas maneras darle un oportunidad ¿Para qué? ¿Por qué? 


Para que me engañara a los pocos meses, para crear ilusiones de palabras falsas. Dejarme tan dañada y rota, que no puedo ver la cara de otro hombre, sin recordarlo ni odiarlo al instante.


Y a pesar de todo yo...


Me abracé a mis rodillas, mientras intentaba dormirme sobre el sofá. 


Continuará


Nota: Prologó según Ange, espero les guste ;D



jueves, 24 de marzo de 2011

Capitulo Trece

Capitulo 13: De problema en problema
Donde no puedas amar, pasa de largo.
(Nietzsche)
Por alguna extraña razón, el desconocido no me simpatizaba tanto como el principio. Era demasiado engreído para mí gusto. Apenas lo saludamos entre las tres, y Katte le preguntó si acaso él había ganado el concurso de historia, sin humildad alguna el extraño dijo que sí. Eso me molestó de sobremanera.
Nos dirigimos a la biblioteca. Extrañamente no solo Victoria parecía encantada con el desconocido, sino también Katte. ¿Adivinan? Eso también me causó fastidio.
—¿Sabes? Has dicho mucho de historia, pero nada sobre tu nombre— susurró una tímida Victoria.
—Yo me llamo Francisco.
Así que ese era su nombre. Me senté en una silla cercana, mis amigas se acercaron a él con unas preguntas sobre la materia. Estaba verdaderamente fastidiada, pero no sabía el porque del asunto.
Fue allí cuando escuché a Francisco darles una gran cátedra, sobre el Chile colonial. Fruncí las cejas, hastiada de tanto parloteo inútil. El ego del tipo podía sentirse a kilómetros de distancia.
Pero disimulé mi enfado lo mejor que pude. Al fin y al cabo, saludé a Francisco para que Victoria lo conociera mejor. Lo más probable era que me sintiera así, porque me estaba excluyendo de toda su conversación. Suspiré y decidí unirme.
—Por eso los humanistas son los mejores.
Ante esas palabras, Katte se molestó aunque decidió callar. Mi otra amiga estaba fascinada, y aunque yo también estuviese de acuerdo con sus palabras, no podía tolerar que tuviese razón en todo lo que proclamaba.
—Eso es una tontería— recriminé sin avergonzarme— el mundo de hoy no es nada sin las ciencias.
—Pues esas ciencias— proclamó Francisco— no son más que las consecuencias de nosotros, seres que se dedicaron a pensar y descubrir.
—¿Perdón niñito? Que yo sepa, ninguno de ustedes podría contra un ejercicio complicado de matemática— “la verdad tú tampoco” me recrimino mi conciencia— ¿Y acaso sabes las proporciones del cuerpo humano? ¿Hay algo más preciso que las matemáticas? ¿Cómo osas burlarte de la física que te mantiene parado? ¿O de la biología que te permite hablar tanta idiotez junta?
De acuerdo esa no era una buena manera de integrarme al grupo. Pero Francisco en vez de enojarse conmigo… se puso a reír de una manera, recordándome al alguien que deseaba olvidar. Por alguna razón el calor subió a mis pobres mejillas, pero sacudí la cabeza y sencillamente crucé los brazos.
Las chicas le hicieron otra pregunta, y el tema pasó sin pena ni gloria. Luego de eso él dijo que tenía que marcharse a casa. Mis amigas quisieron ir de inmediato con él.
Yo tan solo suspiré deseando que todo se acabara pronto. Decidí dejarlos en una esquina, para tener el resto de la calle para pensar tranquila.
—Cuídalas bien— le recomendé a Francisco.
—Como ordene la señora.
Me despedí de ellos. Pude acompañarlos a decir verdad. No tenía prisa, pero seguir al lado del ego ambulante me producía nauseas.
Cuando vi las caras de alegría de ambas, algo se pasó por mi mente. Eran realmente felices. Y eso me provocó desazón. La tristeza oculta durante todo el día tenía tantas ganas de salir de mi pecho. Pero estúpidamente me la tragué respirando hondamente.
Yo no volvería a llorar por Antonio. Seguiría con esta mascara de arlequín que pretende ser feliz… aunque no sabía por cuanto tiempo pudiese seguir sosteniéndola.
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—¡Es tan lindo!— chilló Victoria en mi oído.
La miré con gesto de duda. Ella estaba totalmente embobada. Lo encontró perfecto en todo sentido. Dijo que cuando se fueron juntos, había sido demasiado genial.
—Es un arrogante, idiota y…
Me quedé en silencio, pensando en cuan parecidos eran.
—Tú dices eso porque no lo conoces.
—Victoria solo estuviste con él unos minutos más que yo.
Pero ella estaba instalada en su cielo particular. De cierta manera sentí envidia.
Estaba en esa parte linda, donde todo se nota perfecto.
¿Acaso volvería a sentirme así? De ilusionada, arrebatada y feliz.
Era triste pero ponía toda esa circunstancia en duda.
Felipe apareció por la puerta. Nos saludó con un gesto de la cabeza, para luego tocarme el ojo, visiblemente preocupado.
—Deberías dormir más— sentenció dejando sus cosas en la mesa.
Desvié la mirada intentando cambiar el tema.
—¿Sabías que ayer conocimos a un ego con patas?— le susurré molesta
—Vamos Ange no fue para tanto… aparte tú le hablaste primero.
Y no tenía idea de cuanto me arrepentía.
La gente seguía llegando a la sala. Felipe y Victoria se pusieron a conversar de manera animada, aunque yo seguí concentrada en mis pensamientos fatalistas. Me arrojé sobre el pupitre, subiéndole el volumen a mi mp3.
Totalmente absorta por la música, un ruido llamó mi atención. Rápidamente me saqué los audífonos y me senté derecha, pensando en que el profesor había llegado y estaba sentado en su puesto.
—¿Qué tal?
Y para que mi día empezara mejor, nada menos que Antonio enfrente de mis narices.
—Nada— respondí secamente, desviando la mirada hacia la ventana.
Él suspiró intentando llamar mi atención. Seguí con la vista clavada hacia el patio, sin ganas de volver a mirarlo. Sentía miedo, de perderme en su mirada y sentirme tan idiota como antes. De perdonarlo de inmediato, sin pensar en todo el daño causado.
Justamente cuando estaba a punto de mirarlo, a punto de rendición Alejandra llegó. Se le sentó en las piernas sin ningún recato, dándole un beso largo y hondo en los labios.
Y yo que pensaba que solo los animales marcaban territorio.
Antonio no se soltó del agarre. Entonces ella se alejó y le sonrió gustosa.
Felipe, quien también como yo admiró la escena completa. Me miró y yo suspiré.
—Ange hay cosas que no valen la pena— sentenció enfrente de ellos— y a veces es la gente quien no vale su tiempo.
Le sonreí. De alguna manera saqué fuerzas para superar ese momento, aunque fuese de manera provisoria.
El futuro no sería tan malo, siempre que contara con amigos que me apoyasen.
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No tenía muchas ganas de estar con gente. La verdad estaba algo cansada de pretender estar bien todo el tiempo. Cuando le comenté a Katte que hoy me iría sola a casa, ella no me sonrío como esperaba. Me miró de manera desconfiada, y entonces suspiro cansinamente.
—¿De veras estarás bien sola?
—Te mentiría si te dijera que si Katte. Pero realmente quiero estar sola.
Luego de la escena provocada por Alejandra, realmente necesitaba estar sola. La única manera en que podría golpear las paredes, chillar y caminar con los puños apretados, sin miradas de preocupación rondándome.
—¿Te ha afectado mucho… verdad?
Fruncí el seño ante esas palabras. Se suponía que solo Felipe, el único observador de la escena sabía de lo ocurrido.
—No te enojes— susurró— él está realmente preocupado por ti ¿sabes? Todos lo estamos, por eso no queremos dejarte sola.
—Eso es lo que quiero evitar— me comencé a enfadar, y eso lamentablemente solo logró molestarme de peor manera— sé que soy injusta, pero no soy una cría de seis años— me crucé de brazos
—Pero Ange…
La silencié sin ningún gesto. Mi gran y enorme problema es que soy la persona más orgullosa que ha pisado el puto planeta.
Este estúpido complejo de no necesitar a nadie. Y la rabia acumulada por cada uno de mis poros, hicieron que dijera unas palabras de las cuales me arrepentiré toda la vida.
—Estoy harta que me traten casi como una invalida, estoy harta de verlos a todos preocupados por mí… ¡Qué se han imaginado todos ustedes! No tengo ninguna enfermedad invalidante ni muchos menos. ¡Y no me mires con esa cara de pena, que me dan ganas de rompértela!
De acuerdo lo admito. Katte no se merecía esas palabras. Pero ¡demonios! Yo estaba tan enojada conmigo misma.
—Angélica… ¡Eres una tonta!— chilló con todas sus fuerzas— ¡Has lo que se te de la regalada gana!
—¡Eso haré!
Ella se alejo de mi lado, pude observar que hacía fuerzas sobrehumanas para no llorar.
Soy un ser despreciable.
Tomé fuerzas y aspiré mucho aire por los labios. Era una idiota de primera clase. Katte solo estaba preocupada por mí, era por supuesto mucho mas sensible que yo. A sabiendas de todo estoy voy y le grito esa barbaridad.
El amor nos pone a todos idiotas. Esa idea que nació de mis pensamientos, logró enfadarme muchísimo más.
¡Antonio es el culpable! ¡Ese hijo de puta tiene la culpa de todo!
Darle unos cuantos insultos en mi mente, me alivio un poco por muy tonto que fuese. Tenía tantas ganas de gritárselos, de reprocharles horas, escritos y noches de sueño… pero eso no era posible. Mi propia forma de ser me impedía hacerlo.
En eso estaba caminando de manera lenta a mi hogar, cuando alguien me tomó por el hombro y me dio la vuelta.
—Hola “señora”
—¡Que desagradable! Niñito porque no te vas a jugar con tierra.
Era Francisco. Su mirada de color azul se clavó en la mía. Esa intensidad me recordó a otro idiota, así que corrí la vista algo turbada.
—¿Y tus amigas?
—¿Qué te importa?
—Oh vamos… no puedes ser una amargada todo el tiempo. Vengo en son de paz.
—No veo ninguna bandera blanca— comenté sin ganas de seguirle el juego.
Él tan solo se rió mucho mas divertido. Yo bastante enfadada me di la vuelta para irme.
—¿Dónde vives?— comentó siguiéndome— te apuesto que en un cementerio, digo por la cara de muerta que traes.
—Traigo esta cara, porque un idiota me esta siguiendo sin mi permiso.
—Tus palabras me duelen tanto— realizó un gesto de burla, el sarcasmo teñía cada una de sus palabras
me detuve en seco. Este tipo no tenía ni la mas mínima idea de con quien se metía.
—Suficiente— le corté en seco— o me dejas sola, tranquila como estaba antes, sino te aplastaré esa nariz tan horrible que tienes.
No sonó en broma, ni siquiera amenaza. Él no se rió y solo observo el piso.
—Realmente estas enfadada… ¿pero es necesario descargar tu enojo con todo el mundo?
Esas palabras lograron relajarme. Aunque claro nuevamente me sentí culpable, recordé el rostro de Katte y volví a amargarme.
—Luces triste… solo intentaba distraerte. No pareces el tipo de persona que acepte el consuelo de otros.— suspiró algo agotado— debió ser mi culpa también ¿Quién me llama a meterme en líos ajenos?
Sus palabras nuevamente me recordaron a Antonio sin poderlo evitar. Es que él hacía exactamente lo mismo. Comentaba que le era más fácil tolerar mi cara de enfado, no podía verme llorar. Y eso extrañamente me hacía sentir mejor.
Observé los ojos de Francisco y me sentí intrigada por el brillo que estos poseían.
—De acuerdo niñito puedes acompañarme. Eso no significa que seré amable ni mucho menos— aclaré enseguida.
—Seré tonto pero nunca tanto. ¿Vamos a pasear?
—¿Por qué no?
Continuará.
Nota: Como se darán cuenta el mal humor y no dormir le sacan la cuenta a Ange. Gracias por esperar pacientemente (para que hablar que mi computador es una mierda mientras no me pueda proveer de otro… ¬¬ si hasta mi me hincha las que no tengo xD)
Gracias por pasarse ^